Los cubanos no solo emigran por razones económicas

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Mi abuela paterna era panameña, mi abuelo dominicano. Se conocieron en Chile, donde fueron a estudiar medicina. Ahí nacieron y crecieron todos sus hijos. Luego del golpe militar al gobierno de Salvador Allende se radicaron en Panamá. De ahí vino mi padre a estudiar biología en Cuba, en la misma aula donde estudiaba mi mamá, cienfueguera del Castillo de Jagua, hija de pescador. Como ven, pudiera decirse que soy hijo de la integración latinoamericana.

Por: Luis Emilio Aybar Toledo

Tengo pasaporte cubano, panameño y chileno. Puedo viajar a muchos países sin necesidad de visa, y puedo emigrar cuando lo decida. Por si fuera poco, ahora Estados Unidos, ese país tan codiciado, eliminó el requisito de visa para los chilenos. Solo tengo que entrar a una página web, pagar 14 dólares, comprar un pasaje, y tomar el avión. Cuando comparto esta historia, la gente suele decirme: “¿Y tú qué haces aquí?”

Hédel Núñez Bolívar. Terminal 2, aeropuerto de La Habana

Terminal 2, aeropuerto de La Habana (El Toque)

Me gusta mi país, el ambiente de sus barrios, los valores y la idiosincrasia de la gente, sus costumbres, su comida y sobre todo su historia. Puedo disfrutar de dos cosas muy importantes: mi familia y mis amigos. En otro país podría tener más ingresos, vivir más cómodo, darme más gustos, pero eso es solo un aspecto de la vida. Tengo mis necesidades básicas satisfechas, con eso me basta.

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“Tú dices eso porque vives bien”, me responden algunos, pero cada día se sostiene menos este argumento. Una gran parte de los cubanos que hoy emigran tienen niveles de consumo similares o superiores a los míos.

La explicación oficial es que lo hacen por razones económicas, y que la política del gobierno norteamericano estimula la emigración. Es cierto que si no hubiera garantías tan prometedoras al llegar a los Estados Unidos, muchas de estas personas que tienen aquí educación, salud, seguridad ciudadana, consumo cultural y deportivo garantizado, y un bienestar material satisfactorio obtenido por diferentes vías, se lo pensarían dos veces antes de cruzar una selva, pero creo que la explicación debe ser más compleja.

Hay que distinguir entre las motivaciones de las personas y las causas de sus acciones. Si les preguntamos, la mayoría dirá que emigran porque quieren vivir mejor, pero en los 60, 70, y 80 el nivel de consumo en Cuba era muy inferior al actual, y la gente no se iba, o se iba menos; a los deportistas le ofrecían la misma cantidad de millones y no desertaban, ¿por qué?

Hay un cambio en el sistema de necesidades, en el orden de prioridades, en los proyectos de vida, en la vivencia del país, que vuelve intercambiables todos aquellos elementos por un mayor bienestar material, y en algunos casos, por una mayor realización profesional.

La crisis de los 90 golpeó muy fuerte en nuestra subjetividad. Hubo que centrarse tanto en las carencias materiales, que terminaron transformándose en ambición de consumo. Los carros, las casas, los celulares y muchos otros artículos, que son la base para desarrollar los objetivos de la vida, se convirtieron en los objetivos mismos.

Por otro lado, se ha perdido motivación para participar en algún empeño colectivo, ante las dificultades que existen para lograr incidir con tu acción y tu opinión en la solución de los problemas.

Desde los años 90 hasta hoy nos hemos perdido la posibilidad de frenar, con el empoderamiento popular, el impacto de las carencias materiales sobre los valores. La autoestima nacional se ha debilitado ante la persistencia de la crisis. Por todas estas razones, la emigración actual no tiene solo causas económicas, sino también políticas y culturales. Entenderlo de una manera o de otra implica estrategias diferentes para hacer del país un lugar deseable por todos.

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No les he dicho todavía la razón principal por la que me quedo en Cuba: pienso que la solución no es irse, sino cambiar las cosas. El único horizonte de la emigración como valor universal es el vaciamiento del país. Por eso trato de mostrarle a todo posible emigrante los detalles que componen su disfrute cotidiano, y de animarlo a que se sienta parte de la solución.

Necesitamos involucrar a la mayor cantidad de personas en todo tipo de experiencias de participación activa y decisoria sobre los problemas nacionales. El Socialismo, a fin de cuentas, tiene que ver con eso.

Artículo de El Toque

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