La historia de superación de una joven estudiante cubana “ciega”

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Ilienis anda sin bastón y sin gafas, siente que no los necesita, y el que la ve trasladarse escaleras arriba hasta su aula en el cuarto piso del centro mixto Máximo Gómez Báez, de Camagüey, sin sujetarse de nada ni de nadie, es difícil que pueda imaginarse que esta joven de solo 16 años es ciega total.

“Mi vida no tiene nada de especial, eso sí, tengo una familia muy buena que me apoya en todo, que siempre está allí para levantarme si me caigo”, dice categóricamente.

Pero aunque ella lo afirme no es la suya una historia corriente, no porque la ceguera la recibiera al venir al mundo, sino porque se ha impuesto por encima de las dificultades y actualmente es una de las dos ciegas totales que por primera vez comienzan estudios preuniversitarios en la provincia.

La joven ciega cubana Ilienis Morales Jiménez. Foto: Adelante

El centro provincial de alumnos con deficiencia sensorial Antonio Suárez Domínguez, conocido como la escuela de Tagarro, era el único lugar donde estudiaban los alumnos con carencias visuales o auditivas desde el círculo infantil hasta la secundaria. Desde hace aproximadamente cinco años el proceso de inclusión educativo dio la posibilidad a las familias de estos muchachos de matricularlos en la enseñanza general en cualquiera de sus niveles.

Al principio fue muy difícil para todos, la familia, los profesores que asumían el reto de aprender a enseñar a estudiantes con esas deficiencias, y sobre todo para los alumnos.

Ilienis Morales Jiménez fue testigo de aquel cambio. “Fue brusco y difícil, mi aula en la escuela primaria era de seis alumnos y al llegar a la secundaria eran 30, nada que ver con lo anterior. No conocía a nadie, solo a mi primo. Sentía que eran indiferentes conmigo, todos andaban con su gente. No me resultó fácil insertarme porque soy un poco tímida.

“Para los profesores fue incómodo, no habían tenido una experiencia similar y se me acercaban y me decían ‘¿y ahora qué voy a hacer contigo, cómo te evalúo?’, esa era su principal preocupación, pero después se fueron adaptando, me hacían muchas evaluaciones orales, y Odalys, que era mi profesora de apoyo, me ayudaba a transcribir mis evaluaciones del braille a escritura normal. Gracias a la dedicación de ellos estoy hoy en el preuniversitario.

“Salí bien, saqué más de 95 puntos en todas las asignaturas menos en Química, que es complicada por las fórmulas. La Matemática también me da dolores de cabeza porque hay que hacer cálculos y se me forma reguero con la regleta, que es con lo que escribo, porque mi máquina braille está rota desde que estaba en 7mo. grado.

Regleta con la cual la joven Ilienis Morales Jiménez escribe en clases. Foto: Adelante

“Con la máquina me fuera más fácil, para hacer una letra solo aprietas una tecla, pero con la regleta para hacer la letra tengo que ir punto por punto hasta conformarla, además de que con la máquina puedo leer lo que voy escribiendo y con la regleta tengo que sacar la hoja para poder hacerlo.

Cuenta Tamara Robles Wambrug, directora de la unidad donde actualmente cursa Ilienis el 10mo. grado, que la noticia de que recibirían a una ciega total les sorprendió a todos. “Realmente no sabíamos cómo enfrentar esa situación, me preocupaban muchas cosas. Yo también soy su profesora, le doy clases de Química. Ella es muy buena alumna, podrá tener limitaciones con una máquina, pero capta con mucha rapidez y es ágil escribiendo. Uno se sorprende de que en muchas ocasiones está más concentrada en la clase que el resto de los alumnos”.

En la escuela todos hablan bien de ella, tanto compañeros de estudios como profesores. Isidoro Benito Soler, su profe de Física, dice que es una experiencia completamente inédita en todos sus años como docente; no obstante asegura que “es muy preocupada, disciplinada y no es ausentista”.

Dunia Agramonte Herrera la profesora de apoyo, afirma que “la llegada de Ilienis al preuniversitario ha sido un impacto de sensibilidad, de acogida, de inclusión, que es lo que se quiere, y por lo que nosotros trabajamos desde el centro de apoyo.

“El proceso de inclusión educativa en casi todos los casos ha dado muy buenos resultados. Hay que seguir trabajando en la preparación del personal docente de la enseñanza general, porque su capacitación es imprescindible para el éxito de este programa; también hay que perfeccionar la continuidad de estudios cuando terminan 9no. grado. Hay pocas opciones por las que pueden optar los niños ciegos”.

Esta muchacha, que mientras conversamos sonríe discretamente y se agarra las manos para disimular su timidez, unos minutos antes de nuestra conversación la vimos cantando con mucho desenfado frente a decenas de estudiantes en la plaza de las banderas del conocido IPVC camagüeyano.

La joven ciega cubana Ilienis Morales Jiménez. Foto: Adelante

“Yo no quería entrar a la brigada artística porque me daba pena, y en el aula todos me pedían que cantara. Un día me tendieron una trampa, me pidieron que lo hiciera y yo comencé sin saber que detrás de mí estaba la profesora de música. Me encantan sobre todo las baladas y el pop.

“Desde que llegue aquí todo lo que me ha pasado son cosas buenas, yo se lo he contado a mi mamá, que en la secundaria me iba bien, pero aquí me va mejor, me gusta mucho. Desde que entré todos me trataron bien. Ya tengo muy buenos amigos.

“En esta escuela nunca me he sentido excluida, pero en otros momentos de mi vida sí. Pasa a veces que son personas que no quieren herirte, pero como hay cosas que ellos pueden hacer y una no, te sacan del grupo, te excluyen, y eso te hace sentir mal”.

—¿Qué te gustaría estudiar en el futuro?

—Quisiera ser fisioterapeuta, porque esas personas ayudan a rehabilitar a otras que no pueden caminar o tienen otro problema. Pueden enseñarles que aunque ellos sean discapacitados no son diferentes a los demás.

Fueron sus palabras una sentencia, sin dudas una lección de vida.

Tomado de Adelante

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