Cubanos esperan durante días en el puente de Hidalgo para solicitar asilo en EEUU

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Cuando el pinareño Yasir salió de Cuba nunca imaginó que al llegar a la frontera entre México y Estados Unidos le tocaría acampar varios días a la intemperie en el puente peatonal que separa a los dos países, a consecuencia de la eliminación de la política “pies secos, pies mojados” por parte del expresidente Barack Obama, que otorgaba beneficios migratorios a los isleños por escapar del régimen comunista.

Cuando el sol comenzó a ponerse el jueves, el joven de 24 años se sentó encima de un cartón acolchado con mantas, rodeado por sus compatriotas en la misma situación que durante casi tres semanas se han alineado en los últimos metros del puente internacional Hidalgo-Reynosa. Se prepararon así para otra ronda de sueño en el pavimento implacable del puente, a solo unos metros de la puerta de enlace entre ellos y su anhelo de llegar a Estados Unidos en busca de asilo político.

Migrantes, en su mayoría cubanos, varados sobre el puente Internacional Hidalgo-Reynosa. /themonitor

Literalmente a los pies de aquellos que cruzan el puente: mexicanos y estadounidenses que entran y salen simplemente presentando un pasaporte estadounidense o una tarjeta de identificación mexicana a los funcionarios de aduanas en la puerta, Yasir expresó su frustración al diario The Monitor.

“La mayoría de los cubanos, especialmente los criados en el campo, son criados para ser trabajadores”, dijo Yasir en español, declinando dar su apellido por miedo a que su familia en Cuba pueda enfrentar repercusiones políticas del gobierno si se sabe que huyó para buscar asilo.

“Nunca pensé que me despertaría a los pies de alguien como si fuera un mendigo… como un extranjero”, agregó el joven.

Yasir es uno de docenas de cubanos, y ahora centroamericanos, cuyo viaje ha sido interrumpido después de que se les negó la entrada a EEUU. Según The Monitor, aproximadamente 50 personas pasaron la noche en el puente, la mitad de las cuales eran cubanas.

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“Todos tenemos nuestras propias razones para irnos”, dijo Yasir, explicando que decidió irse debido a la falta de oportunidades para avanzar. Su viaje lo llevó a cruzar el Atlántico en un pequeño y desvencijado bote con otros cuatro balseros hacia la costa de Belice después de una semana en el mar. Desde allí, fueron varios viajes en autobús al norte de Reynosa.

Marlene, de 23 años, quien desde el 29 de mayo permanecía en el puente, captó el sentimiento compartido por sus compañeros asilados cuando dijo: “Cuba es la última carta de la baraja”.

Casi a punto de las lágrimas por una frustración sin esperanza, la joven contó la falta de libertad en Cuba, donde estudiaba enfermería. Marlene dijo que usó la mayoría de los ahorros de su familia para comprar un boleto a Cancún, de donde tomó un vuelo a Reynosa con la esperanza de cruzar el puente y reunirse con su esposo en Houston.

El gobierno cubano continúa reprimiendo la disidencia y castigando las críticas públicas. Con arrestos arbitrarios a corto plazo, actos de humillación pública y la terminación del empleo, castiga a los críticos. También controla todos los medios de comunicación y restringe el acceso a información externa, según dan cuenta en sus informes varias organizaciones defensoras de los derechos humanos.

En el último año fiscal, tras el final de la política de “pies secos, pies mojados” en enero de 2017, que otorgaba a los cubanos que llegaban a suelo estadounidense el derecho a quedarse y una vía rápida hacia la ciudadanía, 14.301 migrantes provenientes de la isla solicitaron asilo en la frontera EEUU-México, recuerda The Monitor.

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Desde octubre de 2017, 3.959 asilados cubanos han pasado por los ocho puentes internacionales del sector para ser procesados por entrevistas de temor creíbles de persecución en la isla para iniciar el proceso de asilo, concluye el diario.

Fuente: MN

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