Coreanos tienen un ‘Paquete’ similar al de Cuba para ver otros programas

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En Corea del Norte circulan memorias USB llenas de materiales copiados de noticias, política, cultura popular y arte del mundo exterior, según cuenta la politóloga Jieun Baek en su libro La revolución oculta de Corea del Norte: Cómo la información clandestina transforma una sociedad cerrada, informó el diario digital argentino Infobae.

Baek, experta de Harvard, se entrevistó con “desertores” norcoreanos, como los califica el régimen de Kim Jong-un, quienes le contaron que estos dispositivos les permiten saber qué pasa en el mundo.

“Traen dramas y programas de radio de Corea del Sur, literatura estadounidense, películas de Hollywood, noticias políticas y novelas románticas”, explicó Baek.

“El intercambio ilegal de información” tiene lugar gracias a una red compleja de ciudadanos, en el país y en los países vecinos de China y Corea del Sur, que contrabandea la información que se vende en los mercados callejeros.

La información no oficial va resquebrajando los mitos del régimen, como el culto a la personalidad de los grandes líderes que viven una vida eterna luego de su extinción física.

Imagen de King Jong-un durante un congreso del Parido norcoreano. (EFE)

Imagen de King Jong-un durante un congreso del Parido norcoreano. (EFE)

Jieun Baek contó en su libro la aventura del contrabando de información.

Del lado chino del río Tumen, alguien verifica que no lo vigilen y llena un cubo de plástico con varias bolsas pequeñas llenas de memorias USB. Luego lo pone dentro de una bolsa más grande que ata a un alambre, del que hala otra persona del otro lado del río, de la parte norcoreana.

“Si los guardias de frontera norcoreanos lo encuentran en este comercio sin autorización, y sobre todo con el paquete en sus manos, podría ser golpeado o condenado a un campo para presos políticos”, explicó Baek sobre ese hombre que recoge la información prohibida que llega de la otra orilla.

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Según Baek, “durante más de dos década, ha habido grietas en el control estatal de la diseminación de la información entre los ciudadanos”. Hay un caudal de información que ha venido produciendo un impacto social y cultural significativo: mostrar el mundo y, a la vez, mostrar cómo el mundo ve a Corea del Norte.

“Este flujo activo de bienes e información juega ahora un papel central en la conciencia social de los individuos, y ha despertado cambios irreversibles. Uno de ellos tiene que ver con la mayor conciencia que los consumidores de medios tienen de los estándares de vida más altos fuera del país, lo que ha llevado a que muchos norcoreanos se cuestionen por qué tienen que ser tan pobres”, añadió.

El intercambio entre las dos personas en la orilla del río es apenas un eslabón en la cadena de organizaciones extranjeras, desertores, intermediarios y comerciantes chinos y soldados norcoreanos que hacen la vista gorda a cambio de sobornos. Se trata de una red muy sofisticada, hecha de redes interiores.

Las organizaciones extranjeras recaudan fondos para crear contenido, cargar las memorias USB, grabar DVD, juntar radios de onda corta y crear maneras de hacerles llegar esas cosas a los contrabandistas:

“Forman lo que llamo ‘la red de la compasión'”, definió Baek.

Después, siguen las redes con fines de lucro: los contrabandistas que dentro y fuera de Corea del Norte ayudan a mover esas memorias USB y otros medios con contenido extranjero para generar dinero. A estos intermediarios no les importa si las memorias contienen Biblias o pornografía.

Los vendedores del mercado negro se encargan de distribuir al eslabón final de esta cadena el contenido: los consumidores.

Según Reporteros Sin Fronteras, Corea del Norte está en el puesto 178 de 179 en el ranking de libertad de prensa.

“Todas las noticias, como portavoces del Gobierno, pasan por varias rondas de censura interna”, explicó Baek.

Todos los medios son estatales y se encargan de trasmitir esa imagen edulcorada del país y los preceptos del régimen.

En Corea del Norte no hay corrupción, inequidad social, injusticia, pobreza, hambre, huérfanos, delitos; ni siquiera accidentes, indica el diario argentino Infobae.

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“Kim Jong-il en su Guía para periodistas anima —en otras palabras, ordena— que los periodistas y los editores ‘publiquen artículos en los que sin fisura muestren enorme estima por el presidente, lo adoren y lo celebren como el gran líder revolucionario'”, explicó Baek.

Los televisores y las radios han sido fabricados solo para recibir las frecuencias del Gobierno, están sellados con etiquetas oficiales para evitar que las personas los manipulen y vean, por ejemplo, programas surcoreanos.

Estos equipos también sufren revisiones estatales. Hay inspectores que se dedican a cortar la luz en una zona, entrar a las casas y devolver la energía para poder apretar el botón de “Eject” de reproductores de VHS y DVD en busca de contenido extranjero. Un delito de este tipo puede pagarse con prisión.

“Si el régimen le teme al ciudadano informado más que a cualquier otra amenaza doméstica, y en consecuencia castiga a quien consume medios extranjeros, ¿por qué los norcoreanos llegan al extremo de arriesgar sus vidas en busca de información y medios prohibidos?”, se preguntó Baek.

Todos los entrevistados que le ayudaron en la investigación de su libro le respondieron, de una manera u otra, lo mismo: el deseo de saber, agigantado por la prohibición de saber.

“Hoy hay cinco campos grandes para prisioneros políticos a lo largo del país, con entre 80.000 y 120.000 personas”. Muchos han sido condenados sin juicio previo, y otros ni siquiera saben de qué se los acusa. Mirar una telenovela surcoreana puede ser una razón; haber tenido contacto con una organización religiosa, otra; haber robado al Estado, otra.

Entre la prisión política, las ejecuciones públicas y la culpa por asociación (la comisión de un delito puede implicar el castigo de tres generaciones), el sistema halló una forma efectiva de controlar a la población. Pero esa estructura se desarmaría si no se sostuviera sobre una base: el aislamiento de la ciudadanía, separada de la información.

“En el fondo, esta es una narración sobre el poder transformador de los medios y la información, y también sobre la resiliencia del espíritu humano para sobrevivir y conseguir la libertad”, concluyó Baek.

Fuente: DDC

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