Cómo Willy Chirino conquistó el corazón del cubano

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En 1988 compré mi primer álbum de Willy Chirino, “Amándote”. Yo tenía veinte años y era el primer disco en español que compraba. El sonido era diferente al resto de la colección de discos de mis padres, que rebuscaba cada vez más durante mis visitas a casa de los viejos.

El álbum era una fusión de ritmos que no se mezclaban a menudo, pero de alguna forma satisfacían mi paleta musical. Las canciones expresaban deseos de soñar despierto, detallaban romances ilusos, e inclusive, proclamaban que el propio Don Johnson no te podía tumbar la jeva. Mundano material para algunos, pero para un joven cubanoamericano criado escuchando KC and the Sunshine Band, Santana y el Beny, ésta música me tocó el alma.

Willy Chirino. /James L. Knight Center

Miami estaba en constante flujo en los años 80. La Ciudad Mágica estaba de moda otra vez. Era la era de los vaqueros de la cocaína, la floreciente South Beach y Miami Vice.

Políticamente también estaba cambiando. Miami eligió a su primer alcalde cubano (Xavier Suárez) en 1985 y la estructura de poder se volvió más latina.

Desde la época de “I Love Lucy” con el inimitable Desi Arnaz, los cubanos no recibían tanta atención. Sin embargo, muchos de nosotros, jóvenes biculturales miamenses, no considerábamos nuestra cubanidad especial.

Pero el cambio sociopolítico que estaba ocurriendo en Miami comenzó a popularizar todo que fuese cubano. Yo comencé a sentirme más orgulloso de mi cubanidad, y la música de Chirino ayudó e incitó a eso.

Para mi era simplemente eso, la música de mis padres. Willy, junto a Carlos Oliva, Frankie Marcos y los Estefan (que también estaban empezando a tener sus primeros éxitos) construían lo que luego se llamó el sonido de Miami.

Una mezcla contagiosa de son y guaracha con sonidos pop anglo como el de Motown, los Beatles y los Beach Boys. No se parecía al sonido más agudo de la Fania de Nueva York, que mezcló muchos de los mismos ritmos latinos, pero con una mayor infusión de rock y funk. El sonido de Miami era más melódico, fácil de escuchar y romántico.

El éxito del sonido de Miami pudo haber sido una garantía profesional para Willy Chirino. Temas de su repertorio como El Collar de Clodomiro, Se Muere Por La Niña y San Zarabanda bastaban para sostener a Willy por el resto de su carrera. Pero los sucesos de los 80 cambiaron el curso de la historia.

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En el verano de 1980, 125.000 cubanos descendieron a Miami a través del puente marítimo del Mariel. Después de ser objetos de la ira de Fidel Castro en forma de maltratos y humillaciones, llegaron a Miami, donde algunos residentes anglos los recibieron con poca amabilidad, incluyendo una campaña publicitaria que incluía calcomanías en sus camionetas que decían: “Por favor, el último estadounidense en salir de Miami, traiga la bandera”.

Los recién llegados, a quienes llamaron “Marielitos” (no siempre afectuosamente) eran una audiencia cautiva para cualquiera dispuesto a tocar para ellos. Willy Chirino entendió compasivamente su difícil situación, y tocó para ellos en muchos clubs de Miami.

La nueva oleada de cubanos que arribaba a la ciudad tuvo un efecto interesante sobre los que llevaban ya más de dos décadas fuera de la isla. La integración de los Marielitos en la sociedad miamense provocó una especie de reculturización o recubanización de la comunidad exilada. Chirino tomó la rienda de esa “recubanización” y rápidamente ese reencuentro cultural se reflejó en su música.

Cuba, su cultura, historia y libertad se hicieron más prominentes en sus canciones.

“Amándote”, por ejemplo, el álbum de 1988 que compré, tenía un dúo interesante con el saxofonista cubano Paquito D’ Rivera en “Carta de un Amigo”. La letra de la canción detalla una carta escrita a un amigo que quedó atrás en la isla.

A mediados de los 90, una nueva migración llegó de Cuba, los “balseros”. Chirino una vez más abrió su corazón y les hizo accesible su música. Fue una compenetración auténtica y profunda. El cantante, nativo de Consolación del Sur, visitó campamentos de cubanos en limbo migratorio en Panamá, al igual que el campamento de balseros en la base militar de Guantánamo. Era notable que el compromiso de Chirino con sus compatriotas era mayor. Más allá de lograr ser un cantante “famoso en Puerto Rico” como una vez profesó, Willy Chirino se dedicó a consolar el espíritu cubano -a cantar los quejidos, las dolencias y la cuentas del alma de aquellos que como él tuvieron que emigrar al extranjero.

Durante el período de 1989 al 1995, Willy Chirino presenta lo que considero como la mejor colección/racha de álbumes de cualquier artista de música tropical. Acuarela del Caribe, Oxígeno, South Beach y Asere son una cadena de LPs en la que Chirino destacó, lamentó y sedujo a Cuba. Anhelaba dolorosamente su tierra natal y, al hacerlo, capturó los sentimientos de millones de sus coterráneos.

Estos cuatro discos cubanos “clásicos” llegan a la esencia de la realidad cubana, especialmente “Nuestro Día”. La canción, escrita por Chirino, relata su propia odisea a los Estados Unidos como un niño Pedro Pan (un plan auspiciado por la Iglesia Catolica que ayudó a 14.000 niños no acompañados a escapar de la Cuba totalitaria hacia los Estados Unidos entre 1961 y 1962).

“Nuestro Día” es además una oda a la esperanza de una Cuba libre. La canción se estrenó durante un momento en el que la caída del Muro de Berlín ocupaba los titulares. Se pensaba que Cuba sería la próxima, y “Nuestro Día” fue canto elocuente de ese sentimiento.

“La posición política de Willy no era muy popular fuera de la comunidad cubana en el exilio, y de los que sufrían la represión en la isla. Su postura política evitó que Willy ganara por lo menos tres premios Grammy adicionales”, declaró Alejandro Ríos, un agudo comentarista cultural cubano.

“Willy entendió que al trazar su línea política estaba alejando a muchos en la industria de la música. Él conscientemente optó por hacerlo de todas formas. Éligió cantar sobre la difícil situación de su pueblo por encima de ganarse la simpatía de los ejecutivos del mundo de la música”, agregó Ríos.

Este año se cumplen 30 otoños de mi descubrimiento de la música de Willy Chirino. Hace unos días manejaba por Coral Way, calle prominente de Miami, cuando de repente comenzó a sonar “Amándote”, una entre miles de canciones en mi colección. Inmediatamente me transportó a otra época de mi vida, otro tiempo en la historia cubana. La época en la que mi generación tomaba consciencia de nuestras raíces, y el tiempo en que Willy Chirino ganó su puesto en el corazón del cubano, y se convirtió en el cantor de nuestro pueblo.

Aquí les comparto mi selección de las mejores 30 canciones de Willy Chirino:

Medias Negras (Oxígeno)

Lo Que Esta Pa Ti (Amándote)

Amigo de la Luna (Acuarela del Caribe)

Soy (One Man Alone)

Rumbera (South Beach)

Nuestro Día (Oxígeno)

La Jinetera (Asere)

Te Estoy Queriendo Tanto Que (La Salsa…Y Yo)

Tu Eres Mejor (Afro Disiac)

Hielo (Son del Alma)

Demasiado (Acuarela del Caribe)

Soy Guajiro (South Beach)

Tu Cumpleaños (Asere)

Amándote (Amándote)

El Que La Hace La Paga (South Beach)

Hechizo De Luna (Son del Alma)

El Cantor del Pueblo (Acuarela del Caribe)

Todo Pasa (Son del Alma)

Los Campeones de la Salsa (Pa’Lante)

San Zarabanda (San Zarabanda)

Yo Nací Para Cantar (Subiendo)

Santo (Baila Conmigo)

El Collar de Clodomiro (Diferente)

Hablénme de Jatibonico (Asere)

Just the Two of Us (Subiendo)

Dicen Que La Vieron Sola (Son del Alma)

Verano (Afro-Disiac)

Castígala (San Zarabanda)

La Mercancía (Subiendo)

Allá Se Quedó (Son del Alma)

Tomado de MN

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